O
k, vamos a escribir algo porque muchas veces la cantidad de trabajo no se ve sino hasta llegado cierto punto -que no es este claro- y los checkpoints son de una estandarización a la que no me ajusto con facilidad.
Puesto a buscar mis juguetes de niñez se me ocurrieron varios. Ninguno duró. Pero estos fueron los duros, los que el tiempo no pudo borrar del todo.
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01 La gloriosa Tonka
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02 Un scalextric(.es)
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03 Los aviones para armar
Como el ejercicio pedía un despiece era poco probable optar por los dos primeros. Además supongo que tenía que realizarme una concesión contemporanea; El Mig 23 que armé me ofreció un despiece detallado y una hora de juego paciente.
Hasta acá siento que no he realizado nada en absoluto; luego estoy seguro de haber satisfecho la consigna.
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Tiempo después
Algunas elaboraciones que surgieron al deambular sobre el ejercicio que pidió Martín y de las que posiblemente se caiga alguna cosa más adelante:
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01 Las enumeraciones son frecuentes porque las cuentas son más inmediatas que los cuentos (es extraño lo sé)
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02 Buscando fotos del Mig 23 encuentro que el diseño analógico tiene un límite y merece post aparte (vendrá).
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03 Existe un órden imposible pero no un óptimo.
01 Habia un-a-ves-truz.
Definitivamente se merece un post con sabor a Requiem porque se van a ir terminando primero en masa y al final una por una todas las cuerdas y perillas, todas las palancas y manijas; los únicos sobrevivientes serán los botones, la operación mínima y de mayor precisión: digitar.
El problema básico de lo analógico es justamente su excesiva fidelidad, su profundo compromiso con un realismo ya caduco -no se lamenten las iglesias- pero que lógicamente conserva toda esa energía encantadora que fascina a coleccionistas: la frontera entre el habemvs y lo extinto.
Claramente hay un órden imposible: pegar el fuselaje y más tarde intentar colocar las alas es parte de ese órden imposible de todo operario en la fabricación de su modelito.
Otros, varios, son preferentes informados de un transito iterativo, vale decir el convincente argumento de la repetición, la autoridad de la costumbre como por ejemplo pegar primero las rueditas al tren de aterrizaje y luego este al fuselaje.
Quedan para el último los opcionales. Es una cuestión lógica y compositiva, mi discurso no sigue la analogía de la producción de su objeto de referencia material sino la lógica estricta que pone lo apodíctico antes de lo asertórico. Convengamos que el espacio opcional que nos deja un modelo para armar es un poco estrecho, por ejemplo: "¿Pegamos primero el ala o las rueditas?" y suponiendo que ya hubieramos elegido pegar alas (una lástima que la realidad no hable portuñol) todavía tendríamos que resolver un tema que solo puede ser zanjado con un ejercicio profundo y radical de la voluntad; el momento libre por excelencia que anula todo el pasado y todo el futuro al igualar esfuerzos y responsabilidades: "¿Pegamos primero el ala izquierda o el ala derecha?. Ah... que bello ejercicio, en ese momento somos semejantes a Dios. Ese momento que es inefable a las letras porque aún cuando escribiera:
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a l a |
a l a |
todos llegamos hasta aquí empezando de izquieda a derecha y en cambio las alas de mi Mig 23 son igualitas, simétricas para ser más exáctos, y uno se encuentra con las dos más o menos al mismo tiempo y las recorre de modo posiblemente aleatorio. Nah, en verdad os digo, aquello que ocurrió con las alas, con las rueditas, con toda cosa doble, simétrica, de un objeto que nadie espera con ansias, es inefable: quizá la plástica.


